Es como estar en un zoológico. Inicialmente, los micos tití león dorados son tímidos, sin embargo pronto emergen, con ganas de ver a los visitantes. De repente, estos micos de pelo rojizo y cara de abuelos bonachones empiezan a comerse los bananos que se les ofrecen.


Pero esto no es un zoológico. Es la selva atlántica de Brasil, una jungla tropical que hace de hogar para más de 2200 especies animales y 20.000 especies de plantas. Desafortunadamente, el lugar ya no tiene mucho de selva.


“Únicamente cubre 7,3% de su área original”, dice Jennifer Mickelberg, curadora de primates en el zoológico de Atlanta, EE.UU, quien pasa la mayoría de su tiempo con los titís en la selva. “La causa es, más que todo, la expansión de Río de Janeiro y de Sao Paulo”. Durante la década de los ochenta, la deforestación, y el hecho de que muchos brasileños usaban a los titís como mascotas, había disminuido a la especie a meros 200 individuos.


Sin embargo, hoy unos 1600 titís dorados viven acá. Ya no son una especie al borde de la extinción, solo una especie en peligro, y gente como Ademilion de Oliveira han apadrinado su recuperación.


Todas las mañanas, Oliveira y su colega Elisaman Moraes, equipados con una antena de radio, se internan en la selva para revisar el estatus de la población de titís.


“Le pintamos la cola a cada uno de los micos, cada mico también recibe un tatuaje permanente, marcas que nos ayudan a mantenerles la pista”, explica. La pareja alfa de cada grupo también carga radiotransmisores alrededor de sus cuellos para que los podamos encontrar”. De Oliveira y Moraes hacen control de cada grupo, constituido de entre 10 y 15 micos, y monitorean su salud.


Los titís dorados son un enorme éxito: ninguna otra especie ha sido traída de vuelta del borde de la extinción así de rápido. Su recuperación es aún más asombrosa si se tiene en cuenta que biólogos brasileños tuvieron que recolectar titís león dorados de zoológicos alrededor del mundo. Los micos que estoy conociendo acá son los descendientes de esos animales en cautiverio.


“Los titís león dorados son inusuales entre los mamíferos, ya que casi siempre tienen gemelos”, dice Mickelberg. “Esto le ha ayudado a la especie a recuperarse”.


Grupos de conservación como el empleador de Ademilion de Oliveira, Associação Micro-Leão-Dourado (AMLD), han logrado encontrar suficiente área de selva para poder albergar a 1600 titís león dorados. Pero para poder asegurar la supervivencia de la especie, los conservacionistas necesitan subir la población, mínimo, a 2000.


“Cada grupo necesita 40 hectáreas, área que equivale a 40 canchas de fútbol”, explica Michael Becker, director de conservación de WWF (World Wildlife Fund) en Brasil. “Si la selva sigue desapareciendo, los titís león dorados no tendrán donde vivir, ni árboles de donde comer, así que la meta ahora es hacer crecer corredores de selva en los baches que conectan las áreas en las que viven actualmente”.


Un animal tierno en vías de extinción tiene más probabilidades de conmover a la gente que un animal feo en vías de extinción. En un referendo reciente, los brasileños eligieron al titís para que adornara el billete de 20 reales. De hecho, los tití león dorados ya están haciendo por la selva lo que muchos papeles y pólizas no han logrado hacer.


Brasil e Indonesia, países en los que están situadas más de la mitad de las selvas del mundo, han empeorado el cambio de clima por talas extensas.


Mientras conduzco a través de la selva Atlántica veo cumbres de montes cubiertas de árboles, rodeadas de tierra pelada. Hace varias décadas la selva cubría esta área por completo.


“Los titís león dorados son una especia insignia”, dice Mickelberg. “Son tiernos y carismáticos. La gente los quiere proteger, y eso nos ayuda a proteger a otras especies en la selva”.


Los micos, mientras tanto, han acabado su panzada de bananos. Se rascan la espalda y las piernas, y después de hacer algunas muecas graciosas desaparecen dentro de la selva profunda con una serie de saltos elegantes, para salvar a otras especies.




“Cada grupo necesita 40 hectáreas, área que equivale a 40 canchas de fútbol. Si la selva sigue desapareciendo, los titís león dorados no tendrán donde vivir, ni árboles de donde comer, así que la meta ahora es hacer crecer corredores de selva en los baches que conectan las áreas en las que viven actualmente”